Casi 8 meses de guerra en Ucrania, decenas de miles de muertos, en el ejército casi todos muy jóvenes, por la locura de un antiguo jefe de la policía soviética, que practica la ideología de un nacionalismo propio de los siglos XIX y comienzos del XX, pero que hoy renace en los postfascismos populistas de dos continentes. Al mismo tiempo el Neoliberalismo, que no acabó con la autoprovecada crisis que explotó el 15 de septiembre de 2008, sigue dominando la economía mundial. Hace unos días en Wall Street el tablero anunciaba la subida del precio de los hidrocarburantes. Siguió el anuncio de la reducción de oferta de trabajo en las empresas estadounidenses debida a las mayores dificultades del sector industrial al encarecerse la principal fuente de energía. Y a continuación: «sube la bolsa» – los inversores cuentan con el factor: la mano de obra es más barata al reducirse la oferta de puestos de trabajo (la ley oferta-demanda). En este munco actual, el capitalismo es el motor del pacto entre jeques y rey árabes con Putin, a pesar de que los países occidentales, respaldados por la gran mayoría de la ONU, han pedido boicoear a la lFederación Rusa para que con menos recursos no puedan invertir más en armamento.

Sigue aumentando la concentración de capital, y por encima de los gobiernos del mundo, el verdadero poder está en el capital. Pero el capital utiliza unos filtros de visión que no dejan percibir el mayor problema, mayor incluso que el de una guerra, que es el Calentamiento global. Este verano saltaron todas las alarmas: históricamente no hay precedente a las sequías que impidió casi totalmente la navegación de rios y canales en la Europa Central y en China o vació casi totalmente embalses estadounidenses donde la policía encontró cadáveres de víctimas de las mafias de hace decenios, y al mismo tiempo, como en Pakistan, se provocaron inundaciones que arruinaron cosechas y produjeron víctiamas en cantidades hasta ahora desconocidas, o en el reciente huracán de Florida que esta obligando a abandonar islas paradisiacas con residencias de lujo o para jubilados pudientes, pero que ya saben que todo volverá a ser arrasado por efecto del cambio climático.

Evidentemente, el saber hacer negocio no implica saber tomar decisiones adecuadas a las necesidades de la población mundial.

Parece que los superexpertos del capitalismo aún no han aprendido la lección de los mitos griegos, de siglos antes que su filosofía, en que como sucede en la pareja Pandora y Prometeo, se exponen los efecto desastrosos de la Hybris, la Superbia tambien condenada por los romanos, que habían llevado a la enseñanza de la Aurea Mediocritas, buscar el justo medio, nunca dejarse seducir por el anhelo de llegar a una cumbre engañosa. Pero el capitalismo actual repite la vida de Sísifo condenado a subir la gran piedra una y otra vez.

Cuando en las escuelas se imparte enseñanza en valores, no se enseña a los futuros conductores de la sociedad estos valores. Los estoicos romanos, Ciceron, Séneca, Epicteto o el Emperador Marco Aurelio fueron admirados y su influjo llevó a una época de bienestar general en Roma. En nuestro mundo moderno, el intento de los socialdemócratas, como en Olaf Palme el asesinado Premier sueco o en Helmut Schmidt, que practicaba el consejo de Popper, de avnzar milímetro a milímentro, fue sustituído por el Neoliberalismo de Reagan y Thatchar, apoyado desde Roma por el polaco Woytila, anticomunista por ser polaco contra la Rusia soviética. Y ese neoliberalismo domina, aún, el mundo.

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